
Costa-Gavras, una vez más, sorprende y emociona. El viaje de Elías, su protagonista, es un recorrido de esperanza hasta llegar a París, el prometido Edén.
Un barco negrero atestado de inmigrantes llega a la costa de noche , a lo lejos las luces . Los tripulantes, sigilosamente, embarcan en una Zodiac y dejan a su s pasajeros a la deriva y con la certeza de una captura segura por la Policía de Costas que ya asoma .
Empieza para Elías la lucha por sobrevivir. Nadando llega a la costa, un Resort turístico de lujo.
El resto de la historia es un mosaico de cómo somos nosotros frente a ellos: los sin patria y sin papeles.
La película está lograda. Podría ser de un perfecto maniqueísmo, y no salvar a nadie.
Por el contrario, Costa-Gavras no carga el fusil demagógico: aquí se encontrará con todo tipo de seres : buenos, generosos, malos y aprovechados ( muchos, eso es así habitualmente, no nos en engañemos).
Para una denuncia como esta, el Director ha tenido otros aciertos: en primer lugar, el humor.
Podría haber recurrido al drama, el tema casi lo exige.
Pero, muy acertadamente, elige despertarnos la sonrisa.
Elías es un muchacho guapo, listo e inocente. La combinación del pícaro de nuestras novelas con la belleza del hombre mediterráneo. Va a despertar el deseo en hombres y mujeres, es uno de los escollos que también tendrá que superar. Gavras no ha perdido la ocasión para presentar a esta sociedad como ladrona de sexo, envilecida y cosificadora del otro : pura mercancía.
Enlos antecedentes fílmicos , Chaplin y Buster Keaton, otros seres inocentes y pícaros que se salvan ante el mundo deshumanizado, humanizando con su respuesta limpia
La magia juega también su papel : la promesa de un mundo feliz y noble. Un mago elige a Elías en una demostración y lo alaba por su buen hacer. Le da su tarjeta al despedirse y le dice que vaya a verlo si va a París.
Así empieza su recorrido homérico y, por desgracia, llegará a Ítaca...
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