¿Me tiro? y....se tiró. Hugo "ahogado" por GinoGino cumplía doce años y en aquellos momentos, su pasión eran los Skateboards - o, como ellos los llamaban - los skates.
Se había pasado el último año montando en una tabla y haciendo todo tipo de piruetas con ella.
Era un experto y las caídas y golpes no contaban nada a la hora de ensayar distintas acrobacias, subir por las rampas, caer a toda velocidad por ellas, frenar en seco...todo muy dinámico y sintiendo el vértigo del peligro : así le han gustado siempre las cosas. ( Ahora tiene recuerdillos de aquellas caídas...).
Llegaba la fecha de su cumpleaños y no quería cualquier cosa ( siempre ha tenido claro lo que quiere , en eso no hay que romperse la cabeza ).
Fue pidiendo , uno a uno, los componentes de un nuevo skate que se iba a fabricar con lo mejor del mercado . No sé cómolo hizo, pero consiguió armar aquel trasto. Montó unos frenos especiales, unas ruedas ( ¿Cómo las llamaban? la palabra se mueve por mi cabeza y se desliza como las ruedas... no me deja atraparla ).
Cuando la tabla estuvo lista era el orgullo de Gino y la admiración de sus amigos entendidos en tan sesuda materia.
Aquella mañana subimos al campo. Era domingo y pasábamos el día- como siempre- en casa de mi padre !Y pobre del que faltara!. Allí jugaban todos los primos y Gino ya soñaba en las escaleras que saltaría con la tabla ( si no daba con sus huesos en la piscina, pero eso ¿qué importaba? ) ya se deslizaba por los pasillos donde cogería velocidad y los primos se pelearían para cambiarse sus skates , rivalizando por quien tenía más habilidad.
Al llegar, aparcamos el coche en la carretera. Por allí sólo hay unas pocas casas y mucho espacio en la cuneta.
Gino salió pitando y le dijo a Hugo que sacara el skate.
Entramos en casa y apenas habíamos saludado cuando Gino pidió su tabla. Hugo, tan despistado como su padre, recordó que la había dejado en la calle. Gino se puso furioso y salió pitando a buscarla.
Alrededor del coche no estaba. Volvió a pedir ayuda, pero Hugo, incapaz de decir una mentira insistió : Lo dejé en el suelo al salir, y me olvidé de cogerlo. Tiene que estar al lado de la puerta.
Fuimos a comprobarlo. Había desaparecido, aunque por allí no se veía un alma...
Hugo estaba demudado. Se sentía muy mal por haberle fallado, tan inconscientemente, a su hermano.
La decepción de Gino fue tan grande que nunca quiso saber nada de skates. Se negó a que le compráramos el mejor que hubiera, tampoco a volverlo él a "fabricar".
Sentí la impotencia de no poder ayudar a mis hijos , cómo son de frágiles las ilusiones y el hoyo que cavan en el alma al romperse.
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